
La Jamais Contente batió el récord de velocidad terrestre en 1899 al superar los 100Km/h (Wikipedia)
El dominio de los coches con motores de gasolina ha sido tan fuerte en el siglo pasado que es fácil pensar que fueron la única alternativa posible. Sin embargo, mucho antes de que el coche tal y como lo conocemos tomara forma, los pioneros del coche eléctrico ya eran capaces de hacerlos correr a velocidades de hasta 100 Km/h o lograr autonomías de hasta 340 kilómetros. Lo que no está nada mal si pensamos que todo esto ocurría entre el siglo XIX y el primer tercio del XX.
Tan pronto como en 1828, el inventor húngaro Ányos Jedlik construyó el primer motor eléctrico. Se conserva en un museo y a día de hoy todavía funciona. Unos años más tarde, 1834, sería el herrero norteamericano Thomas Davenport quien instalara su propio motor eléctrico en un vehículo.
A lo largo de las décadas siguientes, se sucedieron más experimentos que aplicaron el principio al transporte ferroviario o a la minería. Así, hasta que en 1899, el piloto de carreras belga Camile Jenatzy (“el diablo rojo”) batió por tres veces el récord de velocidad en tierra superando los 100 Km/h al volante de… ¡un coche eléctrico!
En EE.UU. ya se habían desarrollado con éxito vehículos eléctricos para la vida cotidiana. Padecieron un problema de marketing que les perjudicó: no olían tan mal, ni hacían tanto ruido, ni costaba tanto ponerlos en marcha como los de gasolina. Lo que los convirtió en los favoritos de las élites de ciudad que los usaron para moverse por ella.
Sin embargo, tantas ventajas los conviertieron en coches para mujeres (ya que de estar sucio, oler mal y pasarse 45 minutos tratando de poner un coche de gasolina en marcha era por entonces algo más de hombres). La extensión de la red eléctrica a principios del siglo XX colaboró no obstante a su expansión y llegaron a suponer un 38% del parque automovilístico del país en 1900. Fueron los años dorados de la Detroit Electric, que produjo coches con autonomías de hasta 340Km/h que alcanzaban hasta 32 Km/h.
No obstante, el descubrimiento de nuevas reservas de petróleo y la mayor autonomía que los coches de gasolina ofrecían en un país que estaba desarrollando un sistema de autopistas terminaron por marginar a los coches eléctricos. La producción masiva de los Ford modelo T, que redujeron el precio de los coches considerablemente, dio la puntilla al coche eléctrico. Hoy estamos retomando esta tecnología en el punto en que la dejamos. Aún nos puede deparar sorpresas.
Vía | Greenopolis




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