Estas pequeñas curvas ladeadas con todo tipo de comas y puntos que llegaron a la tierra hace unos 10 años cambiaron nuestra forma de comunicarnos y adquirimos nuevas habilidades para expresar lo que sentimos o pensamos a través de caras amarillas con mil gestos. No contentos comenzamos a utilizar un variado lenguaje de signos destrozando la manera de escribir “ de toda la vida” y cambiando “vale” por “un puño en alto”, “olé” ahora es “una sevillana” o un “te quiero” pasa a ser “tk”.
Estamos seguros que si Cervantes levantase la cabeza y lo viera, volvería a su tumba y la cerraría con llave. Para más Inri, tenemos Whastapp, que nos ha hecho evolucionar de homo sapiens a homo smartphonus, especie animal que se comunica bajo un lenguaje de emoticonos, siempre con su teléfono móvil en la mano y de vez en cuando, cara a cara.
¿Qué está pasando? Antes ibas al parque con las 100 pesetas que te había dado tu madre, jugabas con los amigos, espiabas a las chicas y ellas te respondían, a veces, con una sonrisa. Ahora te mandan al móvil un paréntesis con dos puntos, y lo mejor de todo, es que nos emocionamos
Eso si, tienen diferentes usos muy útiles para todo tipo de situaciones. Los hay para amortiguar malas noticias, otros tienen un efecto cansino, disipador y finalmente están, los que no te enteras de nada porque no llegas al nivel experto de tus amigos.
Fuente: Revista GQ



Via RSS